Las Cenas del Príncipe

 

Hubo un tiempo en Madrid en el que conseguir mesa en cualquiera de los “templos” de la familia Oyarbide, Zalacaín y Príncipe de Viana, era misión imposible. La pasión de los hermanos, Iñaki y Javier, por el automovilismo era la llave que abría su casa a todos los que soñaban con coches, con carreras o se ponían el casco.

Esa misma compartida afición nos permitió llegar fácilmente a un acuerdo, que ellos no necesitaban y a nuestra revista AUTO1, que incluso siendo la mejor revista racing del mercado, le vino de maravilla. El objetivo era juntar en una mesa a personas relevantes de las marcas, a pilotos o federativos. No muchos, un par de invitados, dos o tres periodistas un fotógrafo y una grabadora para dejar constancia de lo que allí se comentaba.

Con el reclamo de cenar en Príncipe de Viana la presencia de invitados estaba asegurada. Todos sabían que allí te podías cruzar con Mario Conde o alguien de la familia real, ambos en mejor momento mediático que el actual, y eso tenía un valor añadido y mucho morbo. Además, el espacio que nos reservaban, el despacho comedor de Javier Oyarbide, permitía crear un ambiente perfecto para nuestros planes.

La “trampa” consistía en relajar el ambiente aprovechando el exquisito servicio de la casa, los vinos que elegían los anfitriones sumados a la amabilidad del personal y el carisma de Javier e Iñaki que no perdían oportunidad de sentarse, robando minutos a su hora punta de trabajo. Todo sucedía como si estuviera escrito en un guion. Un largo previo, bien regado, hablando de coches y carreras conseguía abrir las mentes, soltar las lenguas y que todos olvidaran la pequeña grabadora con la luz encendida.

Yo elegía siempre el mismo menú, croquetas de bacalao y gambas con salsa de estragón, receta de la madre, y merluza. Una cerveza y vino como las damas, poco y buchitos pequeños, que había que estar despejado. Justo lo contrario que esperábamos del resto de comensales que normalmente se cumplía casi con precisión matemática. Pero no todo era un camino de rosas. Algunos, cuando veían publicados sus comentarios y sus caras a doble página protestaban: “Yo no he dicho eso”, lo que nos originó en alguna ocasión retirada de campañas de publicidad e incluso alguna que otra demanda de pilotos ofendidos, de ahí la importancia de la grabadora.

Allí se hablaba, bien y mal, de pilotos, de campeonatos, de la Federación, de las marcas, de patrocinadores, de la de entonces, la buena: Prost, Piquet, Lauda, Senna. Estaba de moda el mundial de Sport Prototipos con notable participación española. La montaña era droga dura con Juan Fernández, Jean Claude, Vilariño. Los rallyes no se quedaban atrás con Zanini, Serviá y que, además de revolucionar el campeonato con el Maxi Turbo, alteraba los nervios a todos ellos, incluido su ingeniero jefe Hermenegildo Baylos.

Tertulias interminables y sabias opiniones que finalizaban con un clásico. El entrañable aparcacoches, Pedro Candelas, entraba en aquel cuarto mágico y nos decía…Sigan Vds. pero yo me voy, les dejo las llaves.

Buenos e inolvidables tiempos para el deporte, por cantidad y calidad, y fortísimo abrazo para Javier y para Iñaki, al que visitaba en La Chelo, su última aventura antes de despedirse.

Post: En la foto, Emilio de Villota, Jesús Pareja y Fermín Vélez con representación “virtual” de sus patrocinadores, Fortuna y Danone. Lo que tiene Emilio en la mano es uno de los emblemáticos canutillos que acompañaban a los postres.

 

Pepe Martínez

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