¡Benditas banderas rojas!

 

Que tres banderas rojas hayan protagonizado el GP de la Toscana y aportado la pizca de sal al mismo, dice mucho de lo descafeinada y aburrida que ha sido la carrera de este domingo.

El “pijama” que lucía en el paddock era un preludio de la siestecita que se echaría en la salida del Gran Premio, oportunidad que aprovechaba un ávido Valteri Bottas para superar a su compañero de equipo. Por detrás, un Sainz impetuoso perdía la trasera de su en la curva dos tras ganar tres posiciones en la curva uno y pelear por la quinta plaza.

En esa misma vuelta, el de Verstappen perdía potencia viéndose relegado a mitad del pelotón y embestido por en la segunda frenada, lo que supuso la aparición del safety car.

En la resalida, Bernd Mayländer, piloto del coche de seguridad, no apagó las luces hasta la última curva. Además, la normativa de este año retrasó la línea de adelantamiento (aquella hasta la cual el líder no puede ser superado) a la línea de meta. Por estas razones, Bottas compactó el grupo hasta bien entrada la recta, pero en la zona media (tirando de la picaresca aprendida en el karting) empezaron a acelerar tratando de sorprender a la cabeza. Resultado: los últimos del pelotón (incluido Sainz) se encontraron una melé de coches parados, causando un accidente que motivó la primera bandera roja.

Esta vez, se quitó el pijama y recuperó la cabeza de carrera, seguido por Bottas y Leclerc, que durante 15 vueltas consiguió disimular las vergüenzas de un que sigue haciendo aguas en el día de su Gran Premio número 1000. Stroll derribó el muro de contención levantado por Leclerc y se aupó al tercer puesto. Más tarde, en la Arrabiata 2 sufría un pinchazo a 270 km/h que le hacía impactar fuertemente contra las barreras, provocando la segunda bandera roja.

En la tercera salida, fue Bottas quien se puso el pijama y se echó a dormir, hecho que aprovechó Ricciardo para robarle la cartera. En el siguiente paso por meta, el finlandés se repuso del susto y superó de nuevo al australiano. Cuatro vueltas más tarde Albon superaba a Ricciardo para conseguir su primer podio (ya era hora) en la Formula 1.

Mención especial para la escudería Ferrari. Leclerc, la cara del equipo. Luchador incansable y ambicioso, capaz de exprimir más allá de los límites el SF1000. Vettel, la cruz. Apático, falto de actitud, garra y hambre de volver a ser el campeón que fue. Cada vez evidencia más la obra de arte que le proporcionó en sus cuatro mundiales. Veremos si el año que viene en Aston Martin, resucita de la muerte dulce en la que se encuentra.

Luis González

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