El Covid-19 mató el ruido y la furia

 

 

 

 

 

 

 

 

Habíamos llegado a las puertas de la temporada 2020 sin sospechar que nos tendríamos que enfrentar a un enemigo silencioso, pero potencialmente tan letal y poderoso como los cañones del 1º de Diciembre de 1939 que acallaron aquellos Grand Prix de la anteguerra, todo ruido y furia.

Ha sido un invierno extraño, con cambios drásticos en el horizonte de 2021 poca evolución cabía esperar de unos coches que ya pronto serán pasado y, sin embargo, cuando se pusieron a rodar en los primeros test de Montmeló, quedó demostrado que los nuevos Mercedes-AMG F1 W11 EQ Performance, gracias a sutilezas al límite del reglamento, eran una vez más endiabladamente rápidos.

Paradojas de la F1, sutilezas llaman a sutilezas. Siete equipos, entre ellos Mercedes, habían cuestionado el comportamiento de los en varias pruebas de la temporada anterior y llegó a pronunciar la palabra “trampas”, aunque la FIA llegara a un sospechoso arreglo con los de Maranello, dándose por conformes ante lo que, de ser trampa, parecía en este momento indemostrable.

Y en esas estaban cuando el equipo de Brackley, arrasador en toda la era “híbrida”, presentaba en los entrenamientos de Barcelona el denominado “DAS” (“Dual Axis Steering”), un sutil mecanismo en su volante que, a voluntad del piloto, actuaba sobre la convergencia de los neumáticos delanteros, reduciendo en las rectas la resistencia de rodadura para incrementar la velocidad, ganándole al crono segundos de ventaja sobre el resto de los participantes.

Astucia es el juego y lagunas del reglamento las que permiten hoy cosas que se prohíben para mañana, pero así ha sido siempre y así parece que continuará siendo.

Nada trascendente pareció que fuera a cambiar hasta que, unos días antes de celebrarse las jornadas de test invernales, comenzó a verse con inquietud el peligro que para el GP de 2020 podría representar el contagio que provocaba un virus bautizado como COVID-19, que allá por diciembre de 2019 había aparecido en un lugar de llamado Wuhan.

Y lo que parecía un “bichito” de bajo riesgo y aparente benignidad comenzó a crecer en progresión alarmante y se hizo cada vez más fuerte y peligroso.

Así, en las vísperas del GP de Australia 2020, con todo ya preparado para arrancar los motores y encender el primer semáforo, un contagio en el personal de pista del equipo vino a poner en cuarentena todo el comienzo de la temporada, llevando a los organizadores a suspender el evento tan solo dos horas antes de que todo diera comienzo en el circuito de Albert Park.

Lo que pareció inofensivo en un principio se ha convertido en algo que marcará un antes y un después en muchas vidas y eventos de todo tipo a lo largo y ancho de nuestro planeta.

Como piezas de dominó contagiadas por el infame coronavirus, la anulación del GP de Australia (15 de marzo) daba paso a la posposición en cadena de los Grandes Premios de Bahréin (22 de marzo), Vietnam (5 de abril) y (19 de abril), dejando también en suspense el GP de Holanda (3 de mayo) y el GP de (10 de mayo), pues la FIA estima que no será hasta finales de mayo cuando pueda dar comienzo este Campeonato del Mundo de 2020 (si la pandemia de COVID-19 evoluciona favorablemente).

Por mucho que se esfuercen la FIA y los organizadores de las 22 pruebas inicialmente previstas va a ser prácticamente imposible llevar a cabo el programa completo y, en este momento, es una incógnita saber por dónde habrá que podarlo.

Es posible que sean muchos los escenarios que se quedarán sin su GP, habrá que contentarse con sobrevivir a la circunstancia y recordar que hubo años de la posguerra en que con 7 ó 10 pruebas puntuables se decidía un campeonato.

No por ello, campeones como Giuseppe Farina (1950), Alberto Ascari (1952 y 1953) y el mismo Juan Manuel Fangio (1951, 1954, 1955, 1956 y 1957) fueron menos campeones. Era otro tiempo con menos pruebas puntuables y un precio en sangre infinitamente más alto.

Había ganas de Fórmula 1, pero también hay que entender la suspensión de este GP de Australia como el despertar de una pesadilla, cuando los aficionados soñábamos con el amanecer en madrugadas que nos trajeran ese ruido y furia que tanto necesitamos, porque vivir y gozar es ruidoso, solo es silencio el coronavirus.

El Abuelete del M3
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