El caballero de la “Triple Corona”

 

Se cumplen 44 años del accidente aéreo que le costó la vida a un piloto que sin ser excepcional en cuanto a talento natural al estilo del de Fangio, Clark, Stewart o Senna (no he olvidado a Lauda, Prost o Schumacher, es que para mí están en otra división), si fue seguramente uno de los pilotos más emblemáticos (supliendo lo que le faltaba en talento natural con una determinación, afición y valor admirables). Sin duda alguna fue uno de los mejores embajadores del automovilismo deportivo. Dos campeonatos del Mundo, cinco victorias en Mónaco, una en y otra en Indianápolis. Titular de la, tan cacareada por los medios, «triple corona» (que a mí personalmente me trae sin cuidado).

Acabo de leer «Watching The Wheels» la autobiografía de Damon Hill (a veces parece más un tratado de psicología que una historia de carreras) que me ha parecido tremenda y a veces dolorosamente sincera en lo referente a la relación con su padre. Dice que de no haber sido por su muerte, seguramente jamás hubiera dado el paso al automovilismo, él se movía con cierta soltura por el motociclismo amateur.

Curiosamente el destino (ese «algo» misterioso e impredecible que afortunadamente ni científicos, ni filósofos, ni políticos, ni religiosos consiguen encorsetar) creó un paralelismo entre las trayectorias de padre e hijo. En 1968 Graham, amigo y escudero de Clark con el 49, hubo de sobreponerse al fallecimiento de éste y acabó ganando el campeonato y en 1994 Damon, admirador y escudero de Senna con el Williams-Renault, también hubo de sobreponerse al fallecimiento de éste y hubiese alcanzado el mismo resultado de no ser por una dudosa maniobra de Schumacher que lo impidió.

Volviendo a Graham quiero dejar constancia de mis recuerdos personales sobre él. El primero data de 1968 donde le vi ganar un tristísimo GP de España, poco más de un mes después de la muerte de mi ídolo Clark. En 1970 y con motivo del GP de (yo vivía en la calle Francos Rodríguez, paso obligado desde la carretera de la Coruña y Puerta de Hierro hacía la Plaza de Castilla y la carretera de Burgos) le vi una tarde en un semáforo entre mi calle y la de Bravo Murillo mientras cruzaba. Estaba en un coche, del que no recuerdo la marca, esperando la luz verde (para mí fue emocionante). Poco después tuve la oportunidad de fotografiarle en un box del Jarama.

Ya viviendo yo en Inglaterra, Graham era un participante habitual en los más prestigiosos «chat shows» televisivos, daba gusto ver su impecable elegancia y escuchar su simpática y precisa oratoria. Recuerdo que en una ocasión presentó, explicó y probó para las cámaras el BRM de turbina con el que iba a participar en Le Mans.

El 29 de noviembre de 1975, yo trabajaba en el aeropuerto de Heathrow, un día típico del otoño/invierno británico, frío, algo húmedo y con cierta niebla que no afectaba al funcionamiento normal del aeropuerto. Volviendo a casa después de un turno de tarde, oí la noticia de su accidente por la radio del coche, me impactó tremendamente (mi pasión por las carreras y mi vinculación profesional con la aeronáutica habían convergido en una tragedia), junto a Hill fallecieron Tony Brise (una de las más firmes promesas del automovilismo británico) y otros importantes miembros del Embassy F1 Team que desapareció con ellos.

Arturo Marcos

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