GP HUNGRÍA. Error de Red Bull y el piloto fantasma

 

Una carrera dominada desde el sábado por un joven piloto con hambre de mundial se fue a tirar por el retrete en 18 vueltas por su equipo. Si yo fuera Verstappen estaría realmente enfadado con ellos.

Cuando todo el mundo alaba la genialidad y el acierto de Mercedes, muy pocos perciben dónde radica la verdadera rotura de esta carrera, dónde está la responsabilidad de esta crónica de una muerte anunciada.

A estas alturas parece que todo el mundo ignore cómo funciona esta F1 de hoy en la que todo está perfectamente medido y al milímetro. Hablar de la genialidad estratégica de es como elogiar el mérito de un doctor en física que acierta el resultado de la suma de 2+2=4 frente al inesperado y garrafal fallo de un doctor en matemáticas que concluyese en que 2+2 son 5.

Hasta los aficionados más meticulosos sabían cuánto se iba a degradar el neumático de Vesrtappen en cada vuelta, cuando se extinguiría y las diferencias que tendría por vuelta con al cambiar este y entrar a esa segunda parada.

Lo cierto es que en no corrieron ningún riesgo. Nunca lo hacen. El único riesgo real que corrieron es que los de no se equivocasen manteniéndose en pista y no copiando la estrategia del cambio y así fue.

Las matemáticas no fallaron. No estamos hablando de unas matemáticas con la capacidad de sorpresa de estar solo a 12 vueltas e ir al límite. No. Estamos hablando de un amplio margen de 18 vueltas de un piloto degradando a niveles máximos y otro con unos neumáticos nuevos de los que, tras 65 vueltas de carrera, se conocían ya perfectamente los rendimientos, los segundos por vuelta que uno y otro perderían o ganarían y quién llegaría victorioso a meta.

Es sencillo. Por poner un ejemplo fácil. 20 segundos de diferencia a una media de pérdida de 1,5 segundos de diferencia da un total de 27 segundos de ganancia. En definitiva, le sobraban tres vueltas a y eso era matemático. Más todavía si se tiene en cuenta, que se tiene, que la presión sobre el coche de cabeza en esta situación, no le permitiría a su piloto cuidar el neumático y llegaría a un desfallecimiento antes de lo previsto

Mercedes aplicó ese cambio en sus dos pilotos, sabedores de la matemática ganancia y sabedores de que las matemáticas no les fallarían. Igualmente lo aplicó Ferrari, en este caso solo con Vettel, sabedores de que Leclerc perdería posición con su “jefe de filas” y solo con él.

¿Dónde está la genialidad de Mercedes? ¿Acaso en la torpeza de Red Bull? Yo creo que en van tan sobrados del conocimiento de la falta de luces en los otros equipos que se podrían hasta permitir jugar al gato y el ratón.

Pero no voy a hablar más de esta parte de la carrera. Voy a hablar de la que no vimos. De la que de nuevo no nos quisieron ofrecer y liderada de principio a fin por el piloto que más está brillando en toda esta última fase del mundial. El piloto que más puestos lleva ganados y remontados con un coche teóricamente inferior y por cuyo binomio nadie daba un euro esta temporada.

Carlos Sainz lo hizo. Volvió a ganar esa carrera de los malditos que empezaba a aproximadamente un minuto de la cabeza y que se juega en una liga muy igualada donde todas las opciones están abiertas, los pilotos tienen que adelantar en pista y deben defender durante decenas de vueltas sus posiciones.

Frente a una defensa que tuvo que hacer Verstappen contra de su posición, antes del cambio de la 18, y que estuvo muy bien durante media vuelta o poquito más, el espectáculo de Carlos en su pelea con el de Gasly por el 5º puesto, defendiendo la posición en un constante acoso de decenas de vueltas, fue completamente ignorado por la organización.

¿Acaso la resurrección demostrada por y confirmada en estas últimas carreras no es noticia? ¿Es posible que la gran conducción de este piloto que carrera tras carrera ofrece salidas duelos y remontadas con una técnica limpia y plena de madurez deba ser ignorado por la realización y por la prensa?

Lo que yo vi ayer en las cuatro primeras posiciones, las que los realizadores nos mostraron, realmente fue una carrera absolutamente previsible en la que la única emoción estuvo en confirmar que no se iba a jugar el mundial en adelantamientos arriesgados y duelos espectaculares cuando lo podía hacer por coche y por equipo y en adivinar en que vuelta iba a pasar a Verstappen y los neumáticos de este se iban a ir al carajo.

Una carrera en la que vi que sigue perjudicando a Leclerc en favor de descaradamente y subiendo a este último al podio usando de peldaño, o de felpudo, al primero y poco más.

Lo que no vi fue la verdadera carrera. Esa protagonizada por un piloto fantasma, llena de rivalidades, duelo y espectáculo y que los realizadores se niegan a ofrecer.

Esa en que un quedó por delante de un que no podía pasarle. Solo pequeñas pinceladas que se colaron de puntillas como las de Magnusen o un bonito duelo entre compañeros en Toro Rosso, parecieron ser merecedoras de romper, por breves segundos, la monótona transmisión de una realización que con seguridad tiene muchos más medios de los que muestra para ofrecer el espectáculo que realmente se vive en cada carrera.

Ante esta situación, ya reiterativa, de unas retransmisiones átonas, uno se llega a preguntar ya si es consigna o mera incompetencia.

Paul Martín

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies