Santi Martín Cantero y el pub Seis Peniques

 

(Parte de texto rescatado del grupo “Madrid sin Límites” en recuerdo de Santiago Martin Cantero)

…. fue providencial que al reclamo del PUB SEIS PENIQUES (pub del Irish Coffee) con un “león rampante” en el nuevo luminoso, acudieran por él unos “locos”, Ricardo G. Galiano y José A. Zorrilla con sus novias, llenando de trompos con su Mini, Galiano y su 127 el “Zorro”, todo lo ancho de la calle Capitán Haya.

Fueron mis primeros “patrocinados” si patrocinio se puede llamar unas primeras ayudas en pesetas, que traducidas a euros parecerían hoy calderilla, pero hace 45 años la gasolina estaba a 10 o 12 pesetas el litro y con 2 o 3 mil “antiguas pesetas”( entre 12 y 15 €) y el parasol del PUB SEIS PENIQUES en el parabrisas, bastantes de aquellos futuros campeones se las arreglaban para salir a un o marcarse unas vueltas en el Jarama.

…tras aquellos principiantes llenos de juventud y octanos sus venas, llegaron poco después otros muchos. Unos eran universitarios de los Colegios Mayores, entre ellos varios gimnastas olímpicos, otros, aficionados al automóvil que se acercaban a ver que era aquello del “café irlandés” de un sitio donde, si lo pedías, te regalaban parasoles para convertir tu coche en un “disparo” con el que competir en el gran premio nocturno (qué locos estábamos) que llenaba con “tramos” de semáforo a semáforo aquel Madrid de la época.
Y con ellos, empezaron a llegar otros pilotos cada vez más importantes y entre ellos estaban Santi Martín Cantero y su novia Carmen.

Ya en la distancia corta, reconocí en Santi que, además de un gran piloto, me encontraba ante un joven profesional meticuloso en su trabajo, alguien que no se dormía en los laureles, un emprendedor simpático y nada vanidoso que, a fuerza de echarle horas y pasión a la tarea bien realizada , se estaba empezando a labrar un porvenir espléndido.
Con su palmarés y mi admiración no tardamos mucho en ponernos de acuerdo para rotular con mis pegatinas amarillas aquel SIMCA1000 ganador, e iniciar una bonita amistad que llegaba de lo deportivo a lo personal y por ello al honor de figurar, junto a mi esposa, en la lista de invitados de la preciosa boda en la que Santi y Carmen se unieron para siempre.

Como tales invitados, nuestro regalo fue una bonita y grande “cubitera” en baquelita negra y caracteres dorados de la marca de whisky “100 Pippers”. En aquel momento no pude reparar en el corto valor económico del regalo, pues poca gente tenía cubiteras tan exclusivas, pero estuve después muchos años recordando para mis adentros lo que Santiago y Carmen habrían pensado del “rumboso” presente.

Discretos y educados como fueron siempre, jamás dijeron nada, aunque quizás en algún momento parecería mi regalo como el de aquel invitado que te regala seis vasos y se zampa la mitad de todos los canapés de la boda, o quizás quedaron realmente encantados con aquella “cubitera” que eso si, conservaba como ninguna los cubitos para el whisky.
Apartado yo mucho tiempo de las carreras por motivos profesionales, más de veinte años después, creo que fue en 2001 o 2002, en el Circuito de Cheste, siguiendo un fin de semana el donde reparé mi desazón, poniendo en manos de Santi el regalo de bodas sin duda más tardío de los que recibiera alguna pareja de recién casados, esta vez creo que quedé mejor, en El Corte Inglés saben aconsejar de estas cosas.

En mi homenaje a Santi no encontraréis vivencias tan próximas a la pura competición como las que, sin duda, ilustrarán en otros medios capítulos deslumbrantes de su biografía deportiva.
Cada uno en su quehacer cotidiano, compartiendo Santi y yo, en planos paralelos, una misma pasión por el automovilismo, mi deseo es resaltar la gran humanidad, la sencillez y honestidad con la que transitó Santiago Martín Cantero su largo camino mientras construía la marca SMC de profunda huella.

Recuerdo ahora estas anécdotas y aquella otra, en la que el bueno de Santi se desplazó personalmente, conduciendo una grúa, hasta el cuartel del “Cuerpo de Bombeiros Voluntarios” de un pueblo portugués.
Allí había dejado yo, medio abandonado, camino del GP de Fórmula 2 de Estoril, año 76, un precioso DDAUTO 1800, verde oliva y parasol de PUB SEIS PENIQUES al que había sacado una biela por un costado, tras olvidarme, por las prisas, de revisar la varilla del nivel de aceite, insuficiente para un viaje “pié en la tabla”, como eran tantos otros en que disfrutábamos entonces de otra forma la conducción, eran tiempos de ir “deprisa, deprisa” y no había radares en la carretera.

Todo ello lo recordé con nostalgia y dolor cuando al llegar a Madrid el día 15 de Mayo, San Isidro de 2018, mi hijo Víctor me anunció la triste noticia del fallecimiento, el día anterior, de nuestro querido y admirado Santiago Martín Cantero.
Al regreso del emotivo funeral, con el trofeo de “El Mundo Deportivo” en las manos, mirando la reseña del periódico de aquella noche de Septiembre de 1978, en la que el SIMCA 1000 y su pegatina de “6PENIQUES” daba testimonio del honor de haber compartido codo a codo con Santi días inolvidables, algo me dice que un relámpago blanco y verde zigzaguea fulgurante por algún lugar del cielo.

 

Víctor Manuel Fernández

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