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La carrera del milímetro y las décimas

La carrera del milímetro y las décimas

 

Nadie esperaba una carrera así. Creo que es la primera vez que gana esta carrera quien sale de la pole. Todos esperábamos una especie de lotería en la que los incidentes pudiesen darnos variantes cada seis vueltas y se viesen actitudes heroicas.

La F1 necesita héroes. Como espectadores buscamos la sorpresa. El espectáculo increíble de lo improbable. La gesta épica de caballeros que recuerdan a Sir Lancelot y, sobre todo, con corazón. Pero el héroe ideal que buscamos a veces no nos deja ver el héroe que hay.

Pasa un poco como con el amor. Nos pasamos la vida buscando el gran amor, el hombre o la mujer ideal, y no vemos que lo tenemos al lado.

Queríamos la heroicidad de Leclerc pasando, aparte de por medio de los muros, por encima de todos seguido de Carlos, a ser posible, en el podio. Lo del tercero ya nos daba igual. Quizás un Verstappen por ver un podio completamente renovado y que no nos supiese tan a rancio como los de los últimos años. (Otros quizás querían otros héroes, yo pongo los míos)

Pero el espectáculo de la F1 no está solo en esas pinceladas épicas que, por supuesto, tampoco nos disgustan a nadie. Yo era el primero que deseaba una carrera abierta y llena de posibilidades.

El mundial de F1 son un montón de carreras y hay muchas formas de ser un héroe. Las características de un héroe, a parte de ser hijo de un Dios y de una humana o viceversa (cosa que ya no se cree nadie desde que a los de 300 les tuvieron que retocar los abdominales) son el corazón y la lucha por sus convicciones.

Hoy Bakú tuvo un héroe. Un héroe que lo hizo todo bien y que lleva haciéndolo muy bien mucho tiempo. No es un héroe nacido de dioses. Es un héroe nacido del trabajo, de no dejarse hundir ni acomodarse, del esfuerzo, el sacrificio, la paciencia para buscar su momento y el espíritu de mejorar en cada carrera. Valteri Bottas lo ha hecho todo bien. Ha sido perfecto en la concepción y la ejecución de toda la carrera, pero sobre todo ha sido perfecto en cada entrenamiento y en todo el camino hasta salir el primero.

En Bakú todo es al milímetro. Los muros se pasan a caricias y apenas hay espacio para colocar dos coches en paralelo en la mayoría de los sitios. Puede resultar fácil controlar una carrera cuando tienes espacios y puedes defenderlos. Cuando puedes y depende de ti abrir huecos y distancias. Pero controlar una carrera en la que en las últimas tres vueltas te ves obligado a administrar las décimas que separan a tu compañero, con el mismo coche y 5 campeonatos del mundo, de tener DRS o no tenerlo, entonces has de ser un semidios.

La carrera ha tenido dos momentos. Reconozco que es poco. Pero dos momentos de poder a poder excepcionales, únicos e irrepetibles. Uno ha estado en la salida en esa lucha de milímetros en que por fin Botttas no ha cedido; el otro, en las tres vueltas finales en que mi mirada estaba más en el indicador del GAP que en los coches y veía como de 0,893 se ponía en la posible apertura de DRS a 1,01. Sencillamente magistral. Tres Match Ball para Hamiton que le ha levantado Bottas desde el fondo de la pista con una tranquilidad y una seguridad que no parecían de este mundo.

En esa salida solo podía mirar sin opciones a nada. Todo el ancho de la pista estaba ocupado por los dos que, rueda a rueda y a muy pocos milímetros, gestionaban las curvas, las frenadas y las aceleraciones sin ceder. Me ha recordado esos duelos de película en los que dos coches se enfrentan a gran velocidad de cara y en línea recta a ver quién tiene más embriones de gallina y aguanta más sin apartarse.

Por detrás, Vettel, ha hecho lo suyo y Checo Pérez sacaba petróleo de un pozo que le haría ganar la renta hasta el final, mientras Leclerc y Carlos lanzaban sus esperanzas por detrás con opciones de remontar y, si ocurría lo probable, subirse al cajón.
El resto de las vueltas hasta el final… un tiovivo con el único atractivo de saber cómo aguantarían los neumáticos de Leclerc y un buen puñado de adelantamientos en recta con DRS que, de cara a la espectacularidad práctica, tiene de atractivo lo mismo que tienen de imprevisibles. Nada.

Pero el final ha sido realmente magnífico. Siempre se habla de que la F1 sería mucho más espectacular si tuviésemos a los pilotos corriendo con igualdad de coches. Pues bien, por si alguien todavía no se ha dado cuenta, el espectáculo está en que está dejando que sus pilotos compitan y eso es un gran show que abre las puertas a que alguien desbanque al actual campeón del mundo de su corona. Si eso no es la esencia de la F1, entonces que venga ese Dios padre de los héroes y me lo cuente.

Solo digo que en el rostro de Hamilton, una hora después de la carrera al ser entrevistado, se dejaba ver una seria preocupación. Espero que sepa que si se carga el auténtico espectáculo de ver competir en libertad a sus dos pilotos se estará cargando lo poco que nos queda. Al menos hasta que a y a otros les de por resurgir, como ave fenix, y nos brinden nuevos héroes.

Paul Martín

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