Colectivo silencioso

 

Semana de locura informativa, en la que pasan a segundo plano casi todos los asuntos no relacionados  con los políticos que buscan urgente acomodo, para sus ilustres traseros, ante el temor de verse obligados a buscar trabajo para subsistir.

Sin embargo, los conductores, nos encontramos con las mismas y pertinaces realidades cotidianas: autopistas ruinosas, que tendremos que pagar 2 o 3 veces, incluso más si alguno de los ministros salientes encuentra la puerta giratoria adecuada. La gasolina con los precios disparados, afectando a los precios finales de todos los productos de consumo.

La deficiente señalización y mantenimiento de carreteras que está generando un relevante incremento de accidentes. Las entradas a las grandes ciudades con soluciones absurdas como las radiales de pago, costosísimas inversiones de resultado nulo, ya que todas desembocan en los mismos embudos de acceso.

La continua construcción de grandes núcleos industriales y de oficinas a las afueras de las grandes ciudades, Madrid N 1 por ejemplo, donde se crean nuevos miles de puestos de trabajo y nuevos barrios que acogen a mas millares de familias que huyen del centro para los que no se construye  ni una sola carretera de salida, ni accesos, ni incorporaciones adicionales ni alternativa alguna, generando a diario gigantescos atascos en las horas punta, en las que, además, no suele aparecer ni un solo agente de tráfico.

Con este panorama que sufren a diario los conductores, el colectivo de votantes más grande de este país, vemos que los telediarios y las portadas de los diarios se dedican a las bicicletas como transporte ideal, a la importancia de desmontar el Valle de Los Caídos o si el traje de Leticia, en su visita a la casa Blanca, era más mono que el de Melania. Todos ellos asuntos de vital importancia para el desarrollo del país.

Lo dicho, los conductores importamos a los políticos lo mismo que a nosotros el futuro de María Lapiedra. Aun así las pateras vienen siempre en dirección a España. Todavía no conozco a nadie que se haya tirado al mar para escapar de este maravilloso e indestructible país.

Pepe Martínez

 

 

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