El disparate de Nürburgring

 

Algunos fabricantes deben pensar que los ciudadanos “normales”, a los que venden sus productos, aspiran a conseguir algún record vital cuando se ponen al volante de sus coches. Llevan, desde hace años, intentando demostrar que sus modelos, concebidos para un uso familiar, no solamente los deportivos, son capaces de elevarnos al Olimpo y permitirnos alcanzar prestaciones tan imposibles como inviables y completamente distintas a la utilidad que se requiere de un automóvil.

Está de moda batir records en el circuito largo de Nürburgring, y nos venden, como autentico valor añadido, que su producto es el más rápido del mundo en esta pista tramposa en la que muchos conductores privados, incitados por la información de los fabricantes se dejan medio coche contra el muro.

Marcas generalistas como Opel, Jaguar, otras incluso con un histórico más deportivo como presumen, con el Stelvio concretamente, de ser el SUV más rápido del mundo, con  récord de vuelta en Nürburgring, tratándose de un producto destinado a cualquier uso, por sus características y publico objetivo, menos a batir records de velocidad. Menos aun cuando se ponen referencias concretas “7 minutos, 51 segundos y 7 décimas” certificadas como asequibles para cualquier conductor que se ponga al volante de su potentísimo modelo de uso familiar. Tiempos a los que no llegara ni uno solo de los que compraron el Stelvio, asegurándose, eso sí, el paso por el cercano St. Josep Hospital,  a nada que lo intenten seriamente.

Son retos para profesionales y en condiciones muy estudiadas, y no veo, por ejemplo,  a los usuarios del  Insignia GSi en disposición de meterse en el legendario trazado a comprobar los límites de su coche, a pesar de que la marca asegura que “cada modelo es ajustado en el legendario Nordschleife”, rematando el mensaje con la afirmación de Volker Strycek, director de Motorsport de Opel, que este es “El lugar más duro del mundo para probar un coche hasta sus límites”.

Son muchas las marcas que fomentan el disparate: Jaguar, Volkswagen, Mercedes, Seat, Honda, Audi, Nissan, Ford, Chevrolet, BMW… y entre todas han terminado por crear un parque de atracciones que ha transformado la experiencia de rodar en Nürburgring en un correcalles absurdo que choca frontalmente, tanto con la filosofía de uso del propio producto como con la frustración de quien, alentado por la publicidad, ve como al concluir sus vueltas no baja de 9 minutos largos, en el mejor de los casos.

Es cierto que Jackie Stewart, tres veces campeón del mundo de Fórmula 1, definió al anillo norte del circuito, rodeado de bosques, como el “Infierno Verde”. Hasta ahí el mito, que se desvirtuó totalmente cuando el programa TOP GEAR se metió en Nürburgring con una Transit para cubrir una ridícula apuesta. Eso propicio la llegada de autobuses, furgonetas, vespas, triciclos, auto caravanas, que ruedan juntos intentando ir al límite, sin ninguna medida de seguridad adicional, en la que muchos se quedan a punto de tocar el cielo y no precisamente por lo sublime de la experiencia.

Pepe Martínez

 

 

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