Indianápolis. El binomio Alonso – Honda esta gafado

Carreras como las 500 millas de Indianápolis te reconcilian con el automovilismo deportivo, allí gana el que más corre. Parece demasiado simple pero en la comparación con la actual Formula 1 donde el negocio, el reparto de papeles, los presupuestos disparatados, la falta de respeto a los aficionados y un paddock en el que todos andan cabreados, incluso los que cobran 30 millones al año, que insultan en público al resto de competidores, a los ingenieros, y a sus directores de equipo. Donde los pilotos son meros instrumentos que basan su resultado en la estrategia y donde los que no militan en las escuderías importantes apenas existen para las cámaras.

Siempre nos quedará América. Coches, motores, ruedas y a correr… a correr mucho, con promedios de vuelta estratosféricos (379,971 km/h. Eddie Cheever) con repostajes, cambios de ruedas, agrupamientos continuos y resolución de carrera en las últimas vueltas. Sobre todo, por encima de cualquier otra consideración, espectáculo a lo grande y respeto al aficionado que responde con una asistencia masiva, imposible de igualar en ningún otro deporte.

En la Indi brillan los pilotos valientes, los que saben manejar los rebufos. Allí nadie predice con antelación quien va a ganar, los coches son prácticamente iguales, los mismos neumáticos para todos, solamente un par de motorizaciones, y Honda, y pie a fondo con 400.000 espectadores animando sin cesar en cada adelantamiento.

A este escenario único llegó Fernando Alonso. Se ganó el respeto de los aficionados en las fases previas. Contó con el apoyo de los grandes, Andretti, Fittipaldi, que hablan maravillas del español y no defraudó a nadie, llegando a mandar la carrera durante varias vueltas. Pero, incluso a Fernando Alonso, se le olvidó que llevaba un motor Honda, el mismo que el ganador de las 500 millas, el japonés peleón Takuma Sato, y el mismo que le vuelve a traicionar apartándole de la posibilidad real de ganar la carrera y escribir una página de oro en la historia del automovilismo.

La actuación de Alonso en Indianápolis finalizó de forma súbita,  el motor reventó en la vuelta 179  a falta de unos minutos para completar las 500 millas: “Ha sido una pena, merecíamos acabar la carrera, experimentar la última vuelta”, pero la experiencia y el reconocimiento han sido tan positivos que estamos seguros se repetirá en cuanto concluya la relación contractual con McLaren/Honda.

Otro español en carrera, Oriol Servià, ya con mucha experiencia en este tipo de competiciones, marchaba séptimo a menos de 20 vueltas para concluir, también con opciones de victoria, acabó fuera tras un accidente múltiple en el que se vio involucrado.

Victoria de Takuma Sato, un viejo conocido de Alonso de la Fórmula 1, compañero de equipo y por tanto también con motor Honda, con un final de carrera espectacular luchando con el británico Chilton y el brasileño Helio Castroneves.

Fernando Alonso hablaba, sin rencor, al finalizar su actuación: «Todo el día fue una experiencia agradable. Disfruté de la presentación. La carrera fue muy divertida. Creo que ofrecí un buen rendimiento e incluso he liderado la carrera durante varias vueltas. En líneas generales ha sido una grata sorpresa».

El asturiano hablaba también sobre su posible futuro en esta especialidad: «Es muy pronto para decir algo. Me alegro de haber sido competitivo. Y si vuelvo a participar en esta carrera será más fácil. Lo cierto es que ha sido muy divertido. Ha sido una de las mejores experiencias de mi carrera».

Alonso, se ha convertido en un fin de semana en un autentico ídolo para los americanos, y las  500 Millas te esperan con los brazos abiertos, si es posible con un motor Chevrolet.

 

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